Para muchas personas, la rutina no es algo aburrido, ni les pesa, ni la sienten monótona ni tampoco les parece algo de ‘no disfrute’. Sino que la sienten como estructura, les da previsibilidad. Los hace sentir en control, ya que da orden interno lo que les permite funcionar con más calma en un mundo que ya de por sí es bastante movido.
La idea de tener horarios preestablecidos, hábitos, cierta repetición en los días, no es rigidez: es regulación. Y si bien tener una rutina es algo muy bueno, deja de ser bueno cuando se hace desde la rigidez.
Las fechas especiales -fiestas, eventos, cumpleaños, vacaciones- indudablemente generan cambios en la agenda, con todo lo que eso implica: cambios en el sueño, alimentación, estructura del dia, etc. Y para muchas personas estos cambios lejos de sentirse como algo lindo, se siente como una amenaza. Genera una incomodidad difícil de explicar, porque desde afuera parece exagerado, pero por dentro se vive como una pérdida de control, como si algo que venía sosteniéndote dejara de estar disponible.
Por eso, muchas personas -más que nada autoexigentes- no viven estas etapas como disfrute, sino como una amenaza: salir de la rutina, de perder el eje, de “desordenarse”, de no rendir igual. No es que no quieran descansar o disfrutar, es que el descanso sin estructura puede sentirse inseguro.
A mi es algo que me pasó durante mucho tiempo y me parecia absurdo que se podría tomar como un problema, yo me creía disciplinada y que no habia nada de malo en querer mantener mis habitos ‘saludables’. Pero claro, el problema no son los habitos saludables, sino la rigidez con lo que lo haces [porque nada saludable es rígido!!]. Y esta bien elegir la manera de vivir tu vida, pero es importante poder identificar desde donde se hace, si desde el miedo o la culpa o desde la elección consciente.
Expectativas
Incomodidades de las que poco se habla
Hay algo que suele pasar en estas épocas y que genera más incomodidad de la que parece: las expectativas sobre cómo debería vivirse este momento. No tanto lo que hacemos, sino cómo se supone que ‘tendríamos que vivirlo’ -más livianas, más disponibles, más relajadas, más abiertas al cambio-, y cuando eso no aparece, empieza un diálogo interno que suma presión: “debería estar disfrutando más”, “esto tendría que gustarme”, “por qué a mí no me sale”.
El problema no es que algo esté mal, sino que muchas veces la experiencia real no coincide con la idea previa (y eso genera tensión). Porque en lugar de registrar lo que está pasando de verdad, intentamos amoldarnos a una expectativa externa sobre cómo hay que vivir estos momentos. Y cuando eso no pasa, aparece frustración, desconcierto o una sensación de malestar.
Para algunas personas, todo este momento: vacaciones, fiestas, estímulos, fiestas, ruido, salidas, ‘romper rutina’, se vive como disfrute y obvio placentero . Pero para otras, ese mismo contexto requiere un esfuerzo mayor, lo que hace que esa sensación de disfrute no se sienta como tal. No porque no sepan disfrutar o sean ‘aburridos’ sino porque su forma de procesar lo nuevo, lo distinto o los cambios es diferente (y eso no siempre se valida).
Tal vez el punto no sea preguntarte por qué no lo vivís como otros, sino qué está pidiendo tu experiencia real, más allá de las expectativas. Porque no todo momento agradable se siente expansivo, y no todo disfrute viene acompañado de euforia. A veces se siente neutro, raro, incómodo al principio. Y eso también es parte de estar atravesando algo nuevo sin forzarte a sentir distinto.
Recurso
Flexibilizar la rutina
Una forma más amable de atravesar estos momentos no es abandonar la rutina ni tampoco resistirte 100% al cambio, sino flexibilizarla conscientemente. No pasar de todo a nada, sino elegir qué se sostiene y qué se adapta.
Un ejercicio simple es preguntarte:
¿qué parte de mi rutina es esencial para sentirme bien y cuál puedo mover sin que todo se desarme?
Tal vez no necesitás mantener todo, pero sí uno o dos anclajes: un horario aproximado, un momento de movimiento, una comida ordenada, un rato de silencio.
La clave no es soltar la estructura, sino rediseñarla para este contexto. Entender que la rutina no se rompe, se transforma (!!). Que adaptarte no significa perder lo que te hace bien, sino encontrar otra forma de sostenerlo.
Y, sobre todo, tener en claro esta idea: salir de la rutina no siempre es desorganización. A veces es entrenamiento en flexibilidad. Y la flexibilidad también es una habilidad que se aprende y un graaaan componente de la verdadera salud.
No se trata de disfrutar forzadamente, ni de vivir estas fechas como ‘deberían vivirse’. Se trata de permitirte un poco más de margen sin convertirlo en amenaza.