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New week, let’s start soft

Qué lindo saludarte.

Cada semana, un momento para reconectar.  

Porque sé que priorizás tu bienestar, y por eso estás acá. Entre tanto ruido, este es tu recordatorio: la salud mental importa. Acá vas a encontrar consejos simples, reales y aplicables para sentirte mejor cada día.

Bienvenido a tu pausa mental de cada semana.

Navidad

La familia no siempre es sinónimo de calma

En las ultimas semanas hubo un tema que se repitió muchísimo en consulta: la ansiedad en relación a la Navidad. Y muchos casos no tenia que ver con la comida, ni con los regalos, ni siquiera con la cantidad de gente, sino con algo mucho más profundo y menos evidente: la mesa familiar como espacio cargado de historia, de vínculos ‘complejos’ y de experiencias que no siempre fueron fáciles.

Existe una idea bastante instalada de que la familia es sinónimo de calma, de refugio, de contención. Que sentarse todos juntos a la mesa es algo lindo por definición, casi automática. Pero hay una verdad de la que poco se habla: la familia no siempre es sinónimo de calma <y reconocerlo suele generar mucha culpa y angustia>. Para muchas personas, la mesa navideña es un lugar donde aparecen chistes incómodos “dichos en joda”, preguntas inapropiadas, comparaciones que duelen, comentarios retrógrados, silencios tensos o temas que activan dolores internos.

Y entonces la ansiedad no aparece porque sea Navidad en sí, sino por a lo que ese contexto te expone: vínculos, roles viejos, dinámicas que se repiten año tras año. Una situación que toca donde duele, ese trigger que toca en partes tuyas que quizá hoy ya no encajan con tu versión actual,  pero que vuelven a aparecer cuando te sentás ahí.

Heridas sin sanar

Lo que duele no es lo que sucede, sino lo que activa en nosotros 

Hay un sentimiento que se repite en muchas personas cuando hablan de esta fecha: una sensación de volver a sentirse chiquitas, más vulnerables, menos seguras. Como si, sin darse cuenta, ocuparan un rol que ya no quieren ocupar, pero que el cuerpo reconoce igual. Y aunque racionalmente sepan que hoy son adultas, que crecieron, que tienen herramientas y que pueden elegir distinto, el cuerpo reacciona desde un lugar más primitivo, más automático, más indefenso.

Por eso a veces cuesta tanto poner límites en estas situaciones. No porque no sepas hacerlo, ni porque no tengas recursos, sino porque hay vínculos que vienen cargados de historia <y esa historia pesa mucho> . Aparecen emociones viejas, sensaciones de evaluación, presión de tener que dar explicaciones o justificar decisiones, adaptarte para no incomodar o para no generar conflicto. Y a todo esto, mientras tanto de afuera parece que estas chill sentada en la mesa.

En consulta escucho seguido frases como: “sé que no es para tanto, pero me afecta”, “me prometí no engancharme y terminé mal igual”, “me sentí exagerada”, “me fui con culpa”. Y es importante decir esto con claridad: no es que sos sensible, ni que no sabés disfrutar. Es que estos espacios reactivan cosas que no siempre están resueltas y que el cuerpo registra antes que la cabeza <situaciones que tocan dolores no elaborados ni resueltos>.

Y a todo esto, hay algo mas que se aparece muy marcado en estas fechas: el duelo. Las fiestas suelen amplificar ausencias, las sillas vacías, el reconocimiento de que hay personas que ya no están, vínculos que cambiaron, familias que ya no son como antes. Puede ser la primera Navidad sin alguien importante, o una más, pero distinta. Y aunque el entorno siga festejando, el corazón siente la falta.

El duelo en estas fechas no siempre se expresa como tristeza (ni tampoco en todos igual). A veces también aparece como irritabilidad, desconexión, ganas de irte antes, dificultad para disfrutar o una incomodidad difícil de explicar. No falta de gratitud ni negatividad: es una respuesta emocional lógica frente a la pérdida y al contraste entre lo que se espera sentir y lo que realmente se siente.

La ansiedad, en estos casos, no es un problema en sí misma, sino que es una señal. Una forma que tiene el cuerpo de decirte que algo ahí no es del todo seguro, o no es del todo amable para vos, aunque desde afuera parezca ‘un momento lindo’.

Mi recordatorio: es super valido. Estas fechas agudizan muchas emociones, y cada uno lo atraviesa como puede. No permitas que nadie te diga como sobrellevar todo esto.

Recurso

Cómo hacer para sentir más soft a estos eventos <3

No siempre podemos cambiar a la familia, ni las dinámicas, ni los comentarios. Pero sí podemos pensar cómo cuidarnos mejor dentro de ese contexto, sin exigirnos de más ni pedirnos que reaccionemos mejor de lo que hoy podemos.

Algo que suele ayudar es bajar la expectativa. No ir con la idea de que “esta vez la tengo que pasar bien” o de que nada debería afectarte. A veces solo proponerte atravesarla sin lastimarte ya es un montón, y también es una forma válida de cuidado.

También puede servir tener claro de antemano qué cosas no vas a discutir. No todo merece respuesta ni toda opinión necesita corrección. Elegir el silencio, cambiar de tema o no engancharte no es falta de carácter; muchas veces es protección emocional.

Habilitarte pausas es clave. Poder levantarte, ir al baño, salir a tomar aire o moverte un poco cuando sentís que la ansiedad empieza a subir no es mala educación, es regularte y recordarle al cuerpo que hoy sí tenés recursos.

Y algo importante de nombrar: si ese espacio familiar es el que despierta ansiedad intensa, angustia o inseguridad, también es válido elegir no exponerte. No ir, ir menos tiempo o tomar distancia puede ser una forma de cuidado. Tu salud mental vale más que cualquier tradición.

No se trata de pasarla perfecto. Se trata de no irte rota por dentro por sostener algo que te duele.

Afirmación de la semana

Mi salud mental vale mucho mas que cualquier tradición

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