“Estoy cansada”, es, probablemente, una de las frases que más se repite en el día a día. La digo (mucho), la escucho en consulta, la escucho en amigas, la leo en mensajes. Y atrás el comentario de abuelos, papas o personas de otra generación ‘ustedes siempre estan cansados!!!”
Pero claro, el problema es que muchas veces no nos referimos a cansancio físico, a la falta de sueño o al cansancio post una semana movida. Porque aparece también en dias tranquilos o en días en los que incluso ‘no hicimos nada’. Y acá la gran diferencia -generacional- : no estamos realmente cansados, lo que estamos es agotados.
El agotamiento es otra cosa. Es muy diferente a estar meramente cansados: es más silencioso y más persistente, no se resuelve con una siesta ni durmiendo un poco más. Tiene que ver con una sensación de saturación mental, de estar sosteniendo muchas cosas al mismo tiempo, durante demasiado tiempo. Y muchas veces aunque el cuerpo esté quieto, la cabeza sigue funcionando.

Brainrot
Se nos está pudriendo el cerebro
Gran parte de este agotamiento tiene que ver con cómo vivimos hoy y con el ritmo mental que sostenemos casi sin darnos cuenta. Vivimos con la cabeza constantemente activa: pensando lo que pasó, anticipando lo que viene, resolviendo pendientes, respondiendo mensajes, comparándonos con otros. La mente rara vez frena (o descansa) del todo.
Saltamos de un estímulo a otro todo el tiempo: pantallas, redes, noticias, audios, notificaciones. Incluso cuando “paramos”, muchas veces seguimos estimulados. Mirar el celular, scrollear, consumir contenido no es descanso real, aunque lo sintamos como una pausa. Cambiamos de estímulo, pero el sistema sigue igual de activado.
Y en verdad muchas veces no es nuestra elección (o responsabilidad) sino que parte de un sistema que nos invita a digitalizar todo. Plataformas perfectamente diseñadas para generar adicción. Y a eso se le suma, lo que a muchos como a mi les sucede: trabajar con pantallas o incluso redes sociales. Y realmente es un GRAN desafío encontrar el punto medio entre seguir con las responsabilidades pero sin descuidar nuestra salud mental (que eso es mas importante que cualquier cosa!!!!)
Empezó a circular mucho un termino en internet: brainrot. Más allá del chiste y del meme, intenta poner en palabras algo muy concreto: la sensación de tener la cabeza saturada, dispersa, cansada, con dificultad para concentrarse o sostener el foco. No es que el cerebro esté roto ni que tengamos menos capacidad que antes. Sino que es un cerebro expuesto a demasiada información, durante demasiado tiempo, con muy poco silencio.
A eso se suma una sensación constante de urgencia. Todo parece importante, todo parece inmediato. Cuesta diferenciar lo urgente de lo importante, y esa sensación de “todo es ahora” mantiene al sistema en alerta permanente. El cuerpo acompaña ese estado: aparece tensión, contracturas, cansancio persistente, irritabilidad, problemas para dormir.
No estamos agotados porque no sepamos organizarnos, estamos agotados porque vivimos mucho tiempo en un modo no natural para nuestra especie, esto es el real en contra de la biología. Y forjar vivir de esta manera va a traer (o ya esta pasando) sus consecuencias.
Recurso
Menos estímulos
Muchas veces pensamos que para estar menos cansadas tenemos que hacer menos cosas. Y aunque eso ayuda, en este contexto el verdadero descanso empieza cuando bajamos el nivel de estímulo (!!), no solo la cantidad de tareas.
Algunas preguntas simples que pueden abrir ese espacio:
- ¿Cuántos estímulos tengo abiertos al mismo tiempo?
- ¿Cuántos momentos del día estoy realmente en silencio?
- ¿Estoy descansando o solo cambiando de estímulo?
No se trata de desaparecer ni de vivir desconectadas, ser extremista no es la solución. El objetivo es aprender a vivir con la tecnología y usarla a nuestro favor y no en contra. Por eso el punto esta en recuperar momentos de pausa real: menos multitarea, menos consumo automático, menos exigencia de estar siempre disponibles, menos uso de pantallas y mas presencia, foco, actividades ‘aburridas’.
Si esto te resuena, no es que tu mente te este fallando, sino que necesita otro ritmo. Y empezar a escuchar eso —sin exigirte hacerlo perfecto— ya es una forma de cuidado.