
Hay momentos en los que, si alguien te preguntara cómo estás, dirías que bien, porque incluso es verdad: no está pasando nada grave, no hay un problema puntual, las cosas están relativamente ordenadas, estas avanzando en tus objetivos. Pero al mismo tiempo, hay algo que no se va: una incomodidad de fondo, una sensación rara que cuesta explicar. Que pese a que todo esta bien, no te deja sentirte bien del todo o incluso, disfrutar.
Y eso muchas veces genera culpa, porque desde afuera no hay una razón clara para sentirse así (ni tampoco vos la encontras), y aunque no tenga lógica, la emoción persiste.
Pero en verdad, lo que te pasa es mas común de lo que crees y tiene bastante sentido cuando entendés cómo funciona el sistema nervioso: sentirse bien no depende solo de que las cosas estén bien, sino del estado interno en el que estás. Cuando hay estrés acumulado, exigencia sostenida o falta de descanso real, el cuerpo puede quedarse en estado de activación incluso sin una amenaza real.
Y eso hace que el cuerpo se acostumbre a vivir en el miedo, en la urgencia, en ansiedad. Y obvio eso impide poder sentirte segura, tranquila o incluso disponible para disfrutar.
Motivos fisiológicos de por que pasa esto
Posiblemente sea una cuestión más fisiológica que actitudinal.
Cuando tu cerebro percibe (real o no) cierta amenaza o exigencia, se activa el sistema nervioso simpático, que es el que prepara al cuerpo para responder: aumenta la frecuencia cardíaca, la respiración se vuelve más superficial, los músculos se tensan. La amígdala —una estructura clave en la detección de peligro— se activa y prioriza mantenerte alerta.
En ese estado, el cuerpo no está disponible para disfrutar, sino para anticipar y resolver. Por eso cuesta relajarse, estar presente o sentir placer de manera genuina.Para que aparezca el disfrute, tiene que activarse el sistema parasimpático . Ese es el estado en el que el cuerpo interpreta que “no hay peligro”, y ahí sí se habilitan funciones como la conexión, la calma y el disfrute.
El problema es que no podés estar en ambos estados al mismo tiempo. Si tu sistema está en modo alerta, el disfrute queda en segundo plano. Por eso exigirte disfrutar suele generar más tensión. Porque le estás pidiendo a un sistema activado que haga algo para lo que todavía no está disponible.
y acá el punto importante: estar activado y no poder disfrutar no esta mal, siempre y cuando sea en momentos puntuales y de peligro. El problema de todo esto es cuando se vuelve una constante, y tu cuerpo esta en ese estado sin un peligro real (porque es ahi donde tu cuerpo se desregula y afecta tu calidad de vida).
Recurso
Cambiar el foco atención: de la mente al cuerpo.
En lugar de intentar “entender” o resolver rápido lo que te pasa, probá cambiar el foco.
Hacé una pausa breve en el día y llevá la atención al cuerpo: notá cómo está tu respiración, si hay tensión en alguna zona, cómo se siente el pecho o los hombros.No intentes cambiarlo de inmediato, solo registrado.
Y después, sumá algo muy simple: soltar un poco el cuerpo, apoyar bien los pies, respirar un poco más lento si sale natural.
No se trata de sentirte increíble, sino de empezar a generar un poco más de regulación.
Porque muchas veces no necesitás una explicación perfecta para lo que te pasa.
Necesitás empezar a tratarte con un poco más de calma y que tu cuerpo se sienta seguro.