Hay algo que me pasa bastante y que también veo muchísimo en consulta: esos momentos en los que, en teoría, no tenemos nada urgente que hacer, pero igual sentimos que deberíamos estar aprovechando el tiempo.
Tenemos una tarde libre y pensamos tooooodo lo que podríamos hacer: ordenar, adelantar trabajo, entrenar, contestar mensajes, hacer eso que venimos postergando, y si no hacemos nada de eso, aparece la culpa o la ansiedad. De alguna manera, como si descansar fuera un premio que nos tenemos que ganar después de haber hecho un millón de cosas.
Y creo que esto tiene bastante que ver con algo que aprendemos sin darnos cuenta: sentir que estar haciendo es estar avanzando. Entonces, cuando frenamos, no siempre sentimos descanso, sino que muchas veces sentimos que estamos perdiendo tiempo.
De hecho, hay algo bastante interesante desde la psicología: cuando estamos acostumbradas a funcionar desde la exigencia, las cosas pendientes pueden quedar dando vueltas en nuestra cabeza como una especie de “amenaza abierta”. Es como si nuestro cerebro registrara que todavía hay algo que resolver y le costara terminar de bajar la guardia.
Por eso terminar una tarea muchas veces genera un pequeño alivio, pero el problema es que ese alivio puede durar muy poco, porque enseguida aparece otra cosa pendiente, otro mensaje que responder, otro objetivo que cumplir, otra cosa que podríamos estar haciendo.
Y sin darnos cuenta podemos quedar atrapadas en un loop bastante agotador: pendiente → tensión → hago → alivio → aparece un nuevo pendiente → tensión otra vez. Entonces nunca terminamos de sentir que llegamos, porque siempre hay algo más.
Y creo que ahí está una parte importante del problema: quizás no necesitamos solamente aprender a organizarnos mejor, sino aprender a tolerar esa sensación de “todavía podría estar haciendo algo” sin salir corriendo a hacer algo para sacárnosla de encima.
Por eso hay una pregunta que puede estar buena para observar esta semana: cuando aparezca ese “tendría que aprovechar este rato para…”, preguntate:
¿Esto realmente necesita hacerse ahora o simplemente me cuesta estar sin estar haciendo?
Porque son dos cosas bastante distintas(!!) obviamente, algunas veces efectivamente tenés cosas pendientes, pero muchas otras veces podés elegir quedarte en el sillón, salir a caminar, tomar algo con una amiga, mirar una serie o simplemente no hacer nada productivo, sin convertir ese momento en otra cosa que tenés que justificar.
Y aunque al principio pueda sentirse incómodo, esos momentos también son una forma de enseñarle a tu cerebro algo nuevo: que no siempre que hay algo pendiente tenés que actuar, que podés descansar aunque no hayas terminado todo y que estar tranquila no depende de haber cumplido con una lista interminable.
Porque así como aprendimos durante mucho tiempo a funcionar desde la tensión, la exigencia y la sensación de urgencia, también podemos aprender, de a poco y con práctica, a relacionarnos de otra manera con el tiempo, el descanso y el hacer.
Porque una vida que se siente bien no puede estar hecha solamente de momentos que “aprovechamos”.
También necesitamos momentos que simplemente vivimos <3
