Hay una sensación que aparece muchísimo: sentir que estamos llegando tarde a nuestra propia vida.Que a esta edad ya deberíamos tener más claro qué queremos, haber logrado determinadas cosas, estar en otra etapa, ganar más plata, tener pareja, habernos mudado, viajar más o simplemente sentirnos más seguras de lo que estamos haciendo. Y aunque nadie nos esté apurando, podemos terminar viviendo como si hubiera una especie de deadline que tenemos que cumplir.
Y creo que las redes tampoco ayudan mucho, porque estamos constantemente expuestos a la vida de otros, pero obviamente viendo un recorte muy pequeño de la vida de esa persona y, muchas veces, solamente el resultado sin ver todo el proceso que hubo detrás. Y aunque racionalmente sabemos que es así, nuestro cerebro no siempre deja de compararse solo porque sepamos que lo que estamos viendo es una parte.
Entonces empezamos a mirar nuestra vida desde afuera y a evaluarla en función de lo que otros están haciendo, de lo que pensábamos que ya deberíamos haber conseguido o de esa versión de nosotras que imaginábamos que a esta edad íbamos a ser.
Y ahí muchas veces aparece la ansiedad: nos apuramos para llegar a una vida que quizás ni siquiera nos preguntamos si queremos. Por eso, si esta sensación te viene acompañando, probá algo esta semana: cuando aparezca el “debería estar más adelante”, en vez de preguntarte qué te falta, preguntate:¿Qué es importante para mí en este momento de mi vida?
Porque cuando volvemos a nuestros valores, dejamos un poquito de mirar si estamos llegando antes o después que el resto y empezamos a preguntarnos si estamos caminando hacia una vida que realmente se siente nuestra.
Y quizás ahí está la verdadera pregunta: no si estás llegando tarde, sino si la dirección en la que estás yendo es realmente la que querés. Porque no se trata solamente de llegar a determinadas metas, sino de construir una vida que, cuando la estés viviendo, puedas reconocer como tuya.
