Hace un tiempo empecé a preguntarme algo que parece bastante obvio, pero que para mí no lo era tanto: ¿desde qué lugar estoy haciendo las cosas que se supone que me hacen bien?
Cuando me mudé a Barcelona estaba atravesando muchos cambios y emociones al mismo tiempo y, después de varios años con una rutina súper estructurada alrededor del entrenamiento y otras cosas, empecé a sentir que necesitaba algo diferente. Algo más soft y con menos exigencia.
Volví a acercarme mucho más al yoga, algo que ya hacía desde hacía años, pero no con tanta frecuencia. Y también me animé a soltar un poco la idea de que tenía que sostener sí o sí la misma rutina de siempre.
Y ahí empecé a darme cuenta de que durante mucho tiempo había confundido autoexigencia con disciplina. Porque no es lo mismo hacer ejercicio porque disfrutás moverte y lo elegís, que hacerlo porque te da culpa no hacerlo, porque sentís que deberías o porque te da miedo frenar. Y aunque desde afuera parezca lo mismo, en el cuerpo se siente muy diferente.
Esto puede pasar con muchísimos otros hábitos. Podemos hacer cosas súper saludables y, al mismo tiempo, sostenerlas desde la culpa, la exigencia o el miedo. Y cuando vivimos mucho tiempo así, nuestro sistema nervioso empieza a familiarizarse con ese estado de activación y es muy fácil terminar funcionando en un loop automático.
Por eso, para mí, no siempre se trata de cambiar nuestros hábitos, sino de empezar a mirar desde dónde los estamos sosteniendo. En vez de preguntarme solamente “¿esto me hace bien?”, empecé a preguntarme: “¿esto realmente lo quiero?”
Ayer les conté un poco más de todo esto en YouTube, de mi relación con los hábitos saludables, la autoexigencia y lo que pasó cuando empecé a escuchar un poco más lo que necesitaba. Te lo comparto porque capaz te resuena y te invita a re pensar. Preparate un mate, un matcha o un cafecito que tenemos una date <3

Te invito a que esta semana empieces a observar alguno de tus hábitos y te preguntes: ¿Lo estoy eligiendo porque realmente me hace bien, o porque siento que debería hacerlo?
A veces no necesitamos dejar de hacer algo, sino empezar a escuchar qué pasa en nuestro cuerpo cuando lo hacemos y desde qué lugar lo estamos sosteniendo. Porque volver a elegir también es una forma de salir del piloto automático.



