3 cuotas sin interes | envio gratis
en pedidos mayores a $90.000

New week, let’s start soft

Qué lindo saludarte.

Cada semana, un momento para reconectar.  

Porque sé que priorizás tu bienestar, y por eso estás acá. Entre tanto ruido, este es tu recordatorio: la salud mental importa. Acá vas a encontrar consejos simples, reales y aplicables para sentirte mejor cada día.

Bienvenido a tu pausa mental de cada semana.

No procrastinas porque sos vaga

Hay algo que veo muchísimo, tanto en consulta como en los mensajes que me llegan por Instagram, y es la cantidad de personas que viven sintiéndose culpables porque postergan cosas que, en realidad, tienen muchísimas ganas de hacer.

Y siempre aparece la misma explicación: «soy un desastre»«me falta disciplina»«siempre dejo todo para último momento». Como si procrastinar fuera simplemente una cuestión de organización o de fuerza de voluntad.

Pero, en verdad, creo que en la mayoría de los casos el problema no es ese. Porque si realmente fuera falta de ganas, probablemente ni siquiera nos importaría tanto, no nos quedaríamos pensando en esa tarea durante horas, no sentiríamos culpa y, sobre todo, no nos iríamos a dormir prometiéndonos que ‘mañana sí’.

Y la peor parte es que no sufrimos solamente por no hacer la tarea, sino cambien porque la tarea sigue ocupando <mucho> espacio en nuestra cabeza incluso cuando no la estamos haciendo.

Entonces, hace un tiempo llegue a la idea de que:

Y si el problema no fuera la tarea sino lo que nos hace sentir esa tarea?

Porque hay proyectos que postergamos justamente porque nos importan mucho. Hay cosas que deseamos tanto que, cuanto más significan para nosotros, más aparece el miedo a que no salgan como esperamos. También hay conversaciones que evitamos porque nos da miedo decepcionar al otro, decisiones que postergamos porque elegir implica renunciar a otras opciones y tareas que dejamos para después porque, en el fondo, hacerlas también significa exponernos a la posibilidad de equivocarnos.

Desde la psicología sabemos que muchas veces la procrastinación funciona como una estrategia de regulación emocional. Dicho más simple, cuando una tarea nos genera ansiedad, miedo, incertidumbre, vergüenza o perfeccionismo, el cerebro intenta alejarnos de esa emoción. Como dejar la tarea para mañana produce un alivio inmediato, aunque sea por un rato, el cerebro aprende muy rápido que evitar funciona y cada vez va a tener más tendencia a repetir ese mismo patrón.

El problema es que ese alivio siempre dura muy poco. Porque la tarea sigue estando ahí, pero ahora además aparece la culpa, la frustración, la sensación de que otra vez no pudimos y muchas veces una idea bastante dolorosa de que «hay algo mal conmigo».

Y creo que ahí está la verdadera trampa de la procrastinación: en el corto plazo nos protege de una emoción incómoda, pero al mismo tiempo nos aleja de aquellas cosas que realmente nos importan (!!!!) Nos aleja de ese proyecto que queríamos empezar, de ese curso que teníamos ganas de hacer, de esa conversación pendiente o de cualquier objetivo que esté alineado con la vida que queremos construir.

Por eso entender la procrastinación desde este lugar cambia bastante la manera en la que nos tratamos. Dejamos de pensar que el problema es que somos vagas o poco disciplinadas y empezamos a entender que, muchas veces, estamos usando la procrastinación para gestionar una emoción que todavía no sabemos muy bien cómo atravesar.

Y, paradójicamente, cuanto más evitamos esa emoción, más lejos terminamos quedando de las cosas que realmente nos entusiasman y le dan sentido a nuestra vida.

Recurso  

Un ejercicio para esta semana <3

La próxima vez que te encuentres postergando algo, no intentes obligarte a hacerlo enseguida. Antes de abrir Instagram, ordenar la casa o convencerte de que «mañana vas a tener más ganas», frená un minuto y hacete estas tres preguntas.

1. ¿Qué emoción aparece cuando pienso en hacer esta tarea?

Intentá ponerle nombre. Es miedo? ansiedad? incertidumbre? vergüenza? Muchas veces, ponerle nombre a una emoción hace que deje de sentirse tan difusa y podamos entender mejor qué nos está pasando.

2. ¿Qué estoy intentando evitar al no hacerla?

A veces evitamos sentir que podemos equivocarnos, otras veces evitamos la posibilidad de fracasar, de decepcionar a alguien o incluso de descubrir que algo no sale como esperábamos. La mayoría de las veces no estamos escapando de la tarea, sino de la emoción que esa tarea nos genera.

3. Si dejo de tomar una decisión para sentir alivio por unos minutos, esa decisión me acerca o me aleja de la vida que quiero construir?

Porque esa es la verdadera trampa de la procrastinación!! a corto plazo nos hace sentir un poquito mejor, pero muchas veces también nos aleja de proyectos, vínculos, aprendizajes y experiencias que son profundamente importantes para nosotros.

No se trata de dejar de sentir miedo para actuar, se trata de que, de a poco, tus decisiones empiecen a estar guiadas más por lo que valorás que por aquello que hoy te genera incomodidad.

Afirmación de la semana

Elijo tomar decisiones basadas en la vida que quiero construir y no en las emociones que quiero evitar.

Tu carrito

En este momento tu carrito está vacío.

Volver a la tienda