
Durante muchísimo tiempo los domingos a la noche tuvieron algo para mí, como una angustia chiquita, una sensación de agotamiento y hasta una especie de “duelo” de que lo bueno ya se estaba terminando incluso antes de terminarse (!!!).
Es la tardecita, estás en tu casa, todo está tranquilo, pero en tu mente ya empiezan a aparecer un montón de pensamientos: sobre todo lo que tenés que hacer mañana, los pendientes, la rutina, los mensajes que tenés que responder, todo lo que “deberías” hacer esta semana. Y aunque técnicamente todavía estás descansando, sentís que tu cuerpo ya no.
Y si bien durante mucho tiempo pensé que el problema era el domingo, un día entendí que en realidad el problema no era el domingo en sí, sino cuánto mi mente se anticipaba a todo lo que venía. Porque nuestro cerebro muchas veces no responde solamente a lo que está pasando en la realidad, sino también a lo que interpreta, imagina o anticipa. Entonces cuando empezamos a pensar en toda la semana, pendientes, tareas, responsabilidades, exigencias, el cuerpo empieza a reaccionar como si todo eso ya estuviera pasando ahora mismo.
Y eso obvio activa al sistema nervioso porque nuestro cuerpo percibe una amenaza, y cuando eso pasa se activan un montón de procesos que nos prepara para afrontar la amenaza: taquicardia, tensión muscular, dolor de panza, angustia.
[pero el problema es que no hay ninguna amenaza real, pero aunque nuestra mente lógica lo entienda, nuestro cuerpo no puede salir de ese estado de tensión]
Recurso
Empezar la semana en calma <3
Y lo peor es que eso hacía que tampoco pudiera disfrutar realmente el fin de semana, porque en el fondo había una parte mía que ya estaba angustiada porque “se iba a terminar”. Entonces aparecía esa sensación de querer aprovechar cada minuto, de querer que el domingo dure más, de no querer que llegue el lunes.
Y sin darme cuenta, terminaba viviendo el descanso con ansiedad también. Como si la vida solamente pudiera sentirse bien un fin de semana y el resto de los días fueran simplemente algo que había que sobrevivir hasta llegar otra vez al sábado.
Y honestamente, algo que me hizo bastante click con el tiempo fue entender que el problema no era el lunes en sí, sino todo el peso simbólico que le ponemos encima. La idea de que el lunes hay que volver a producir, correr, hacer todo perfecto, ponerse al día con una misma y arrancar la semana siendo “nuestra mejor versión”. Y obvio que desde ese lugar siempre va a haber malestar.
Porque al final el verdadero cambio no es esperar con desesperación el próximo fin de semana, sino poder encontrar un poco más de calma también en un lunes, un martes o un domingo a la noche. Y siento que gran parte de eso tiene que ver con dejar de vivir la semana como una carrera constante o una lista infinita de pendientes.

Si a vos también te pasa o algo de todo esto te resonó, te comparto un PDF con herramientas simples para empezar la semana de una forma un poco más amable y con menos presión.