
La semana pasada me fui de vacaciones y me encontré pensando bastante en esto, porque algo que hoy disfruto un montón durante mucho tiempo no fue tan así para mí.
Irme de vacaciones, que en teoría es ese momento para descansar, desconectar y bajar un cambio, por muchos años me generaba más incomodidad que otra cosa. No era que no la pasaba bien, pero había algo que no terminaba de relajarse del todo.
Me pasaba sobre todo con la rutina: comer distinto, no entrenar como siempre, no tener horarios claros. Todo eso me desordenaba y me hacía sentir con bastante ansiedad. Y frente a eso y casi sin darme cuenta, intentaba que todo se pareciera lo más posible a mi día a día, como si eso fuera la forma de intentar reducir el malestar.
Trataba de sostener hábitos, de compensar, de no “irme tanto”, y aunque en mi cabeza tenía lógica —porque eran cosas que me hacían bien— en la práctica terminaba siendo bastante agotador. No terminaba de disfrutar, pero tampoco lograba sostener esa rutina como quería (o si a costa de no poder estar presente o distendida). Y eso obvio era agotador.
Pero el problema no son los hábitos (sino desde donde los hacia)
Con el tiempo entendí algo que me cambió bastante la forma de verlo: el problema no eran tanto los hábitos en sí, sino de la rigidez con la que los estaba sosteniendo.
Porque no es lo mismo elegir hacer cosas que te hacen bien, que sentir que no podés no hacerlas sin que algo se desordene.
Si bien es cierto que las rutinas ordenan, regulan, dan previsibilidad, y eso ayuda mucho a reducir la ansiedad, pero tambien hay un lado b: no todas las rutinas regulan (!!). Cuando las rutinas son rígidas, se apoyan en los ‘debería’ y tienen mucha autoexigencia, el sistema nervioso no las ve como algo bueno sino como un estertor más, y sumado a eso, si tu sistema nervioso se apoya demasiado en eso para sentirse seguro, cualquier cambio —como unas vacaciones— puede generar mucha desregulación.Entonces el cuerpo se activa un poco más, aparece esa incomodidad difícil de explicar, y muchas veces la tendencia es querer volver rápido a lo conocido.
Entender esto para mí fue clave, porque me sacó de la idea de “me cuesta disfrutar” y me ayudó a ver que en realidad me costaba soltar el control que me daba la rutina.
Recurso
Cómo viajar sin sentir que ‘perdes todo’
Algo que a mí me ayudó mucho fue dejar de intentar sostener mi rutina completa y empezar a elegir solo 2 o 3 “anclas”.
No todo. Solo algunas cosas que me den cierta referencia sin volverme rígida.
Podés probar esto:
Elegí antes de viajar:
- 1 hábito de movimiento (aunque sea caminar 20 min)
- 1 momento de pausa en el día (sin pantalla, aunque sean 10 min)
- 1 forma de check-in con vos (escribir, registrar cómo estás, etc.)
Y algo importante: amigate con la idea de que todo lo demás puede cambiar.
Esto baja muchísimo la exigencia interna, porque ya no estás tratando de sostener todo, sino que sabés qué cosas sí te acompañan y cuáles podés soltar sin sentir que estás “haciendo todo mal”.
Porque en verdad, desde este lugar, la rutina en si no es lo que te hace sentir bien, sino la falsa percepción de control (y mas cuando hay mucha autoexigencia). Pero nada de que sea rígido es saludable, aprender a vincularte desde un nuevo lugar puede hacer una gran diferencia <3